Complemento para diabético tipo 2.

Buscando por la red, si un determinado complemento para deportistas (Leotron deporte) era o no aconsejable para  ser consumido por un diabetico de tipo 2, me encontré con la pagina de Luis E. Sáez (www.farmarendimiento.com), inmediatamente le envié un correo solicitando dicha información, la sorpresa fue bastante agradable, ya que la contestación llegó muy pronto y razonada, además me ofrecía otras alternativas y poder continuar solicitando cualquier información referente a este y otros temas.
No es muy frecuente la ayuda desinteresada de personas que dominan un determinado tema sin pedir algo a cambio, en este caso tengo que decir que es muy elogiable su labor y con ella puede orientar a muchas personas que buscamos algo más.
Muchas gracias por su colaboración.
Loreto-Madrid.

Un caso de éxito: Jesús León, triatleta

“Me llamo Jesús León, soy licenciado en ciencias de la educación  física y el deporte y ejerzo como profesor de educación física en un colegio.

Mi hijo Pablo, que ahora tiene 12 años, comenzó a practicar deporte desde pequeño y tras haber probado diversas disciplinas, se decantó por correr y por la bicicleta. Así comenzó a hacer duatlón para posteriormente añadir la natación y hacer triatlón, para lo cual entrena con el club de triatlón de Caravaca de la Cruz.

En verano de 2017, Pablo realizaba duatlones y ganaba, en su categoría, con relativa facilidad. Por diversas circunstancias, estuvo una semana en la que no pudo entrenar, aunque participaba en un triatlón algo más exigente y con deportistas de más nivel.

Como es un chico muy competitivo, enseguida se dio cuenta de que no iba a terminar de los primeros, e intentando mejorar su posición final, en la carrera a pie se exprimió al máximo y llegó a la meta exhausto, se tiró al suelo con signos evidentes de mucho cansancio. Algo habitual en un final explosivo, pero no terminaba de recuperarse y ahí comencé a preocuparme, porque estaba muy mareado, casi sin fuerza para levantarse del suelo y con mucho dolor de cabeza.

El equipo de la Cruz Roja que asistía en la prueba lo examinó y le tomó la tensión arterial, que estaba bien y un análisis de glucosa capilar, que dio un resultado de más de 200 mg/100 ml.

Como no terminaba de recuperarse, lo llevamos al hospital, por urgencias y allí todas las pruebas que le efectuaron resultaron normales.

Recomendaron revisión por su pediatra, para determinar las causas del problema.

Tras unos días, el pediatra no comprendía bien cómo los resultados de la glucemia eran tan altos, por lo que le derivó a la consulta del endocrino, por si se trataba de diabetes.

Una semana después, participó en una nueva prueba en la que le vuelve a ocurrir casi lo mismo. El equipo de la Cruz Roja le toma los niveles de glucosa en sangre capilar, que vuelven a estar muy por encima de 200 mg/dL, acompañado de todos los  demás síntomas.

Días después, en la consulta del endocrino, las pruebas que le realizan, ( sobrecarga oral de glucosa y la hemoglobina glicosilada) resultan normales.

El especialista le solicita otra serie de pruebas, pero dado que vuelve a tener competición y estaba un poco preocupado por lo que estaba sucediendo, decidí realizar una consulta a mi amigo Luis Emilio Sáez, farmacéutico,  porque sabía que él podría darme alguna de las claves de lo que estaba sucediendo.

Luis me indicó que, en principio, los valores tan elevados de glucosa tras terminar la prueba eran normales (yo pensaba, al contrario, que deberían ser bajos, dado el gasto que mi hijo realizaba en los finales de la competición). Esa glucosa tan alta era debida a la descarga de adrenalina y cortisol, que tienen el efecto de elevar el azúcar en sangre.

Me preguntó sobre los hábitos de hidratación de Pablo, al que casi nunca le gustaba beber demasiado antes de las competiciones. Así, el dolor de cabeza de los finales bien podría ser debido a la deshidratación; además, el excesivo cansancio lo atribuyó a una mala planificación en la recarga de las reservas de glucógeno en los días previos y en el día de competición.

Me recomendó cambios en las pautas de hidratación y algunos cambios en la alimentación de mi hijo en los días previos y en el día de competición.

El resultado fue excelente, porque Pablo dejó de padecer de dolores de cabeza al terminar las pruebas;  aunque con los finales explosivos llegaba cansado, la recuperación era mucho mejor y entendí que los niveles altos de glucosa en sangre, que seguían manteniéndose en el explosivo  final de la competición, eran algo normal.

En las semanas posteriores, en la consulta del endocrino, se confirmó todo lo que Luis me había indicado.

Después de todos los ajustes que hemos realizado con la alimentación y la suplementación de Pablo, aparte de los hábitos de hidratación, todos los problemas que había tenido anteriormente han desaparecido y podemos planificar mucho mejor los esfuerzos tanto en los entrenamientos como en la competición.

Por ello, le estoy muy agradecido a Luis Emilio Sáez, que supo desde el principio orientarme en una cuestión por la que estaba bastante preocupado.”

Si eres deportista con una enfermedad crónica, deberías evitar estos 5 errores

Índice de contenidos:

  1. Enfermedades crónicas y rendimiento deportivo.
  2. Alcohol y rendimiento deportivo.
  3. Diabéticos y carbohidratos.
  4. Hipertensos y ejercicios de alta intensidad.
  5. Interacciones entre medicamentos y alimentos o suplementos.

 

1.- Pensar que padecer una enfermedad crónica y estar medicado  impide obtener mejoras en el rendimiento y en la salud

La vida activa y el ejercicio físico están asociados con numerosos beneficios para la salud física y mental, como han acreditado numerosos estudios, en especial  (aunque no solo), en el caso de enfermedades cardiovasculares y diabetes  (Departamento de Salud y Servicios Humanos de los Estados Unidos. Informe del Comité Asesor de Pautas de Actividad Física , 2008] Washington (DC): Publicación ODPHP No. U0049. 2008 [citado el 24 de septiembre de 2010]. 683 p.).

Sin embargo, cuando se plantea la cuestión de la mejora de la salud y las prestaciones deportivas en personas que están tomando alguna medicación de forma crónica, tiende a pensarse en “enfermos”, personas que están al otro lado de una línea imaginaria que, o bien les impide llevar a cabo alguna actividad física o bien les impide  mejorar sus prestaciones o rendimiento deportivo, cuando en realidad, esto no es así.

Tanto en personas aparentemente sanas como en personas que padecen enfermedades crónicas y están medicadas, la actividad física supone beneficios para la salud y en el caso de personas con tratamientos crónicos, en algunos casos, una ayuda enorme en el control de su enfermedad.

Además, el aumento de la intensidad de la actividad física, con ejercicios de intensidad tanto moderada como vigorosa (que deben ser correctamente pautados) se relaciona con mayores mejoras en la salud cardiorespiratoria.

Por ello, hay que huir de la idea de que un individuo que padece una enfermedad crónica y toma medicación, no puede obtener mayores beneficios, tanto para su salud como para su rendimiento deportivo, al aumentar el volumen o la intensidad del ejercicio físico (Haskell WL, Lee IM, Pate RR, y otros. Actividad física y salud pública: recomendación actualizada para adultos del American College of Sports Medicine y la American Heart Association. Med Sci Sports Exerc . 2007; 39 (8): 1423-34).

 

2.- Subestimar la importancia del alcohol en la salud y el rendimiento deportivo

El hecho de que uno no sea un deportista profesional, de alto nivel, parece diluir un tanto la importancia de evitar el consumo de alcohol, tanto antes como durante o inmediatamente después de la actividad física o el deporte.

Cuántos de nosotros hemos pasado una noche de ambiente festivo, con nuestras cervezas, nuestros copas de vino en un entorno de celebración familiar que se ha prolongado con los cuba-libres, para, a la mañana siguiente, ir a jugar el partido semanal de fútbol sala, de pádel o salir con la bici de montaña o carretera.

O el hecho de que tras una mañana intensa de actividad física, nos recuperemos con unas cervezas.

¿Cuántas veces hemos escuchado en el gimnasio que alguien está “quemando” los cubatas del fin de semana?

¡Gran error!

Los cubatas (el alcohol, sea cual sea su procedencia), no se quema  (ni se suda) con la actividad física. Las calorías del alcohol son calorías “vacías”, puesto que nuestros músculos no pueden procesarlas, al carecer de la enzima (Alcohol Deshidrogenasa) que sirve para ello. Es decir, no podremos aprovechar las calorías del alcohol como combustible en el deporte.

Además, el alcohol tiene efecto diurético, es decir, aumenta  la eliminación de líquidos, con lo cual será más fácil la deshidratación durante la actividad física (y si esto ocurre en verano, con altas temperaturas, aun peor).

Pero es que si estamos en invierno (que es más difícil deshidratarse), el alcohol se comporta como vasodilatador periférico, es decir, dilata los vasos sanguíneos que recorren nuestra piel, con lo que el peligro, en invierno, será la hipotermia, al aumentar nuestra pérdida de calor corporal.

Volvamos al verano. A lo comentado más arriba, añadamos una persona que, por ejemplo, está tomando como tratamiento para su hipertensión un diurético; la pérdida de agua (e incluso sales minerales) se incrementa, de manera que  lo más probable es que se agrave la deshidratación (que puede llegar a derivar en golpe de calor).

Supongamos ahora que el deportista que estuvo de fiesta es diabético y toma Metformina  para controlar sus niveles de glucosa en sangre. Pues es posible que al día siguiente, además de ser capaz de soportar mucha menor intensidad de esfuerzo, por la acidosis que provocan tanto el alcohol como la Metformina, tendrá alguna pájara debido al efecto hipoglucemiante (bajos niveles de glucosa) que provocan  el alcohol y  el medicamento de forma conjunta.

¿Y qué ocurre si nos tomamos las cervezas después de acabar el partido de fútbol, para reponer energías?

Pues en este caso, el alcohol continúa ejerciendo su acción diurética, con lo que interferirá nuestra rehidratación, además  de alterar nuestra capacidad de reponer nuestros depósitos de glucógeno, el combustible que necesitaremos el próximo día para continuar con nuestra práctica deportiva.

 

3.- Los diabéticos no deben utilizar suplementos de carbohidratos

Yo crecí viendo por la tele las hazañas de Perico Delgado, de Miguel Induráin en el Tour de Francia, que querámoslo o no, es como el campeonato del mundo de ciclismo, donde compiten los mejores para ver cuál es el mejor de todos.

En realidad tengo una edad en la que a quién comencé a ver fue a Luis Ocaña y Eddy Mercks en las etapas de la tele en blanco y negro. Perico y Miguelón llegaron después, pero fue ahí cuando entendí el significado de aquello de “el tío del mazo”, que vino a ver a tal corredor.

El tío del mazo, que también he padecido yo en mis carnes, no es más que cuando se nos enciende la luz de la reserva, pero la roja, no la naranja; cuando no nos queda ni un gramo más de energía para poder seguir.

Es muy habitual que se menosprecie el suministro de energía durante la práctica deportiva, en especial,  la de larga duración. Yo mismo he compartido salidas de MTB en las que algunos no llevaban nada para comer o casi peor, se llevaban un bocata de panceta.

Es como aquel de Sevilla que a va una boda en La Coruña y confía en la gasolina que le queda al coche, porque ya le echó  «algo» la semana pasada.

Para el óptimo desempeño deportivo, es necesario, cuando la actividad dura más de una hora, asegurar un aporte de entre 30-60 gramos de hidratos de carbono por hora, es decir, combustible para funcionar, con el fin de no acabar con las reservas de glucógeno del organismo.

Pero, ¿qué pasa cuando nos encontramos con un diabético? ¿El peligro es de verdad  la hiperglucemia, por tomar una barrita? No, el peligro de un diabético, tipo I o tipo II es la hipoglucemia, es decir, los niveles bajos de glucosa en sangre, que deben corregirse  con suplementos de hidratos de carbono (10-15 gramos cada 40 o 60 minutos). Y es que el tío del mazo tiene un mazo mucho más grande para un diabético.

Los diabéticos no es que no puedan consumir suplementos de hidratos de carbono, es que deben  hacerlo.

Pero además,  tienen que hacer algo que los no diabéticos no tienen porqué hacer: controlar su nivel de glucosa en sangre previo al ejercicio. Y en función del resultado obtenido, pueden comenzar el ejercicio sin más o tienen que asegurar un aporte inicial de glucosa para poder comenzar; nunca dejar de tomar el fármaco hipoglucemiante o disminuir caprichosamente su dosis.

Además, tras el fin de la práctica deportiva, es necesario aportar cantidades suficientes de hidratos de carbono, con el objetivo de evitar la hipoglucemia nocturna, que además evitará la hiperglucemia de rebote que se puede producir en estos casos a la mañana siguiente ( el llamado efecto Somogy).

En el caso de los diabéticos tipo I, los que utilizan insulina, lo fundamental es controlar la hipoglucemia, es decir, la posibilidad de que el nivel de glucosa en sangre disminuya en exceso. En este tipo de deportistas, el control de la glucemia debe realizarse antes, durante y después de la sesión de ejercicio o práctica deportiva. Antes de comenzar, la glucosa en sangre no debe ser menor de  100 mg/100 mL  ni mayor de 250 mg 100 mL. Durante el ejercicio, hay que vigilar los posibles síntomas de hipoglucemia y en su caso, tomar algún suplemento hidrocarbonado. Una vez acabado el ejercicio, hay que vigilar la posible aparición de hipoglucemia, que puede aparecer durante la noche o incluso al día siguiente. En algunos casos, será necesario reducir un 20-25% la dosis de insulina basal y tomar algún tentempié adecuado.

 

4.- Las personas hipertensas jamás tienen que hacer ejercicios de alta  intensidad

Esto tiene su lógica, en principio, puesto que sabemos que cuando se realiza actividad física, la presión arterial sube, ya  que es el medio que permite el aporte de sangre a los territorios activos (el músculo) para asegurar la llegada de oxígeno y nutrientes.

Y cuanto más intenso sea el ejercicio, más subirá la presión arterial (hasta cierto punto).

Por ello, podría deducirse que para las personas con hipertensión arterial (o cualquier otra enfermedad cardiovascular), los ejercicios de mayor duración y baja intensidad serían los recomendables.

Es evidente que cualquier tipo de actividad física tiene repercusiones positivas para los enfermos cardiovasculares, que además toman su medicación para el control de su enfermedad.

Pero desde hace algún tiempo, se ha venido observando que los llamados HIIT, (entrenamientos por intervalos de alta intensidad), no solo pueden ser llevados a cabo por individuos con enfermedades cardiovasculares, sino que sus beneficios pueden incluso ser iguales o   aún mayores  (Gayda M, Ribeiro PA, Juneau M, Nigam A. Comparison of different forms of exercise training in patients with cardiac disease: where does high-intensity interval training fit? Can J Cardiol 2016;32:485–94.).

Hay abundantes evidencias acumuladas del uso de los HIIT en personas que padecen enfermedades cardiovasculares , que mejoran  su capacidad funcional y su  calidad de vida, sin necesidad de tener que aumentar los riesgos que suponen la toma de medicación. (Leanna M. Ross, Ryan R. Porter, J. Larry Durstine. High-intensity interval training (HIIT) for patients with chronic diseases. Journal of Sport and Health Science 5 (2016) 139–144).

Eso sí, los protocolos para cada individuo deben ser estrictamente personalizados, en función de múltiples factores (el tipo de enfermedad que padezca, el nivel de control sobre ella, la toma de medicación o las  capacidades  funcionales del individuo).

 

5.-  No dar importancia a las interacciones entre medicamentos y con  alimentos

Existen estudios que describen la relación entre los efectos adversos a los medicamentos, causados algunos de ellos por sus interacciones, y la hospitalización (Einarson TR .Drug-related hospital admissions.Ann Pharmacother1993; 27:832–40).

Más del 2% de los pacientes ingresados con una reacción adversa al medicamento murieron, lo que sugiere que los efectos adversos pueden ser responsables de la muerte del 0.15% de todos los pacientes ingresados.

Al margen de los costes que esto supone para los sistemas públicos de salud, la repercusión negativa que tiene sobre la salud de las personas es evidente.

Muchas veces es relativamente sencillo detectar potenciales interacciones entre medicamentos, tanto en personas que practican deporte como en las que no lo hacen.

En el caso de las personas que desarrollan algún tipo de actividad física o deporte, esto repercute negativamente en su desempeño deportivo y a veces no se detecta la causa real y se busca una relación con la intensidad del entrenamiento, la competición (si es que la hay) o cambios en los planes nutricionales o el uso de suplementos cuya utilidad pueda ser dudosa.

Por ejemplo, Ramón ( que hace carreras de montaña),   tiene el colesterol elevado y toma Simvastatina;  se le prescribe un antibiótico, Claritromicina para una otitis aguda; pues bien,  corre el riesgo de sufrir graves efectos adversos, derivados de la acumulación de la Simvastatina, ya que el antibiótico impide su eliminación del organismo.

Si la toma de estos medicamentos coincide con alguna prueba de larga duración, los efectos pueden ser muy graves, ya que al daño muscular que produce el esfuerzo físico se le añade el daño que provoca la acumulación de Simvastatina.

Pero esto, que podría evitarse con un consejo adecuado desde la farmacia en la que se retiran los medicamentos o por el conocimiento que el  médico que prescribe el tratamiento  ya tiene del paciente, a veces no es tan sencillo, pues depende de otro factor: de la genética de la persona y la mayor o menor efectividad que tenga para metabolizar los distintos medicamentos. Así, lo que para una persona no supone riesgo alguno, para otra puede suponer reacciones adversas importantes, debido a sus genes.

Pero incluso hay casos más complicados de detectar:  cuando se trata de medicamentos que pueden interaccionar con determinados alimentos o simplemente su efecto puede verse alterado con la presencia o no de alimento.

Antonio, que practica natación,  toma Amlodipino para regular la tensión arterial. Nunca debería tomarlo con zumo de pomelo, puesto que este zumo aumenta la concentración del medicamento en  sangre y por ello, su toxicidad.

Clara, una mujer de mediana edad, deportista, que está cerca de la menopausia y toma suplementos de soja para aliviar los sofocos, no debería tomar cafeína (café, refrescos de cola o suplementos de cafeína para mejorar el rendimiento deportivo), ya que la soja aumentaría de nivel en sangre y se incrementarían al mismo tiempo sus efectos adversos.

En el caso de Juan Carlos, un paciente con insuficiencia cardiaca y cuyo cardiólogo le ha recomendado algún tipo de actividad física adecuada a su enfermedad más el medicamento Digoxina, no debería tomarlo conjuntamente con alimentos ricos en fibra, ya que disminuye su absorción y por ello, su efecto.

Ginés juega al tenis y toma Espironolactona, un diurético que elimina líquidos y le ayuda a controlar su tensión arterial.  Habitualmente, como hace Rafa Nadal, en mitad de los partidos toma plátano para recuperar energía.  Si abusa de los plátanos, Ginés podría desarrollar niveles excesivos de potasio en sangre (hiperkalemia), que podría llegar a ser muy peligroso.

Como estas, hay muchas posibles interacciones entre medicamentos y con alimentos, plantas medicinales y suplementos dietéticos.

En algunos casos, las consecuencias de estas interacciones pueden no ser muy relevantes, ni causar problemas graves de salud, pero en otras situaciones, las consecuencias pueden llegar a ser muy graves y comprometer la vida de las personas.

Por ello, es imprescindible conocer con detalle tanto los hábitos nutricionales como la medicación que toman los pacientes, así como aquellos suplementos deportivos que se toman, aunque sea de manera esporádica.

En ocasiones, es necesario también conocer la capacidad de metabolización que tienen los individuos, que puede variar enormemente, debido a diferencias heredadas genéticamente (farmacogenética) y que pueden llegar a ser responsables de la pérdida del efecto del medicamento, por una metabolización excesiva, o una acumulación tóxica, debido a una escasa o nula metabolización.

¿Practicas deporte y padeces alguna enfermedad crónica? Esto te puede interesar

Índice de contenidos:

  1. Alfredo, un gran corazón
  2. Rocío, esfuerzo sin recompensa
  3. Elena, dulces sueños
  4. ¿Quién ayuda a Alfredo, Rocío y Elena? ¿Y quién me ayuda a mi?
  5. Doctor Google
  6. La zona crítica
  7. Mi solución

 

Alfredo, un gran corazón

Alfredo es una de tantas personas, de mediana edad, que se preocupan por su salud.

Intenta llevar unos adecuados hábitos de vida, no fuma, no se priva de nada a la hora de comer aunque no hace excesos y cumple cada día con su medicación para la hipertensión arterial y una leve insuficiencia cardiaca.

Alfredo sabe que la actividad física y  el deporte son buenos para su salud. Le gusta mucho, es su pasión.  Los fines de semana no son lo mismo sin la habitual salida con la bici de carretera, acompañado por su grupo de amigos. A veces, si el trabajo lo permite, suele haber una salida más durante la semana, el miércoles o el jueves.

Sin embargo, desde hace una par de semanas,  Alfredo no acude al lugar de reunión habitual para la salida semanal.

Está un poco preocupado por su desempeño durante las últimas semanas. Como a casi todo ciclista que disfruta de su deporte, le gusta ir acompañado de sus amigos, sin sacar de punto a nadie y sin que le dejen atrás.

Pero Alfredo se está dando cuenta de que cuando la carretera se empina, le cuesta seguir el ritmo de los demás.

Al principio pensó que se trataba simplemente de un mal día, de haber descansado mal o de no haber recargado los depósitos durante la semana.

Pero día tras día, sufre en exceso y siente ser una carga para el ritmo del grupo.

Lo cierto es que a sus compañeros no les molesta en exceso tener que esperarle en determinados momentos de la ruta, pero Alfredo se desanimó y empezó a preferir salidas en solitario hasta ponerse en forma.

Comenzó a seguir un plan  físico personalizado que le prepararon en el gimnasio y apreció ciertas  mejoras, pero  seguía sin estar a la altura.

En una de sus visitas al centro de salud para sacar sus recetas,  decidió hablar con su médico de familia para plantearle el tema y buscar una solución. Este, le animó a seguir con la práctica deportiva, pero si no podía llegar más lejos, debía asumirlo como una limitación de su condición de salud y continuar con su medicación tal y como estaba prescrita, pues el resultado del tratamiento estaba siendo adecuado.

 

Rocío, esfuerzo sin recompensa

Rocío es una chica joven – así al menos se considera ella- que habitualmente retira la medicación de su padre de la farmacia y además se ocupa de preparársela en casa, pues está comenzando a padecer los primeros síntomas de demencia senil.

Con todo la dedicación  a su padre más el trabajo,  apenas le queda tiempo libre para otras actividades.

Hace dos semanas, a Rocío le hicieron la analítica de sangre del reconocimiento médico de empresa, como cada año y esta vez ve, con sorpresa, que sus valores de colesterol están más altos de lo normal.

Como es natural, decide ir a su médico de familia para ver qué es lo ha cambiado desde el año anterior, por si hubiera  que repetir el análisis.

El médico decide hacer un estudio de su colesterol un poco más extenso con una nueva analítica y los resultados se repiten:   están elevados.

“Claro, con todo el lío de mi padre, el trabajo, el estrés….la verdad es que me queda poco tiempo para otras actividades y me estoy moviendo muy poco. Además, no sé si estoy comiendo del todo bien….” comenta Rocío a su médico.

Así las cosas, el doctor hace varias recomendaciones:  lo primero, eliminar de su dieta habitual todo aquello que puede subir el colesterol;  segundo, comenzar a realizar ejercicio físico y si aun así su colesterol no disminuye, tendría que comenzar con la medicación.

Y manos a la obra; nuestra amiga Rocío empieza a comer un poco más sano, pero lo que se dice tiempo para el ejercicio, tiene poco. Apenas media hora cada día, que dedica a caminar rápido las primeras semanas e intentar correr poco a poco las siguientes.

La verdad es que nunca ha hecho demasiado ejercicio físico y no está acostumbrada a correr.

Después de tres meses,  está contenta, porque ha bajado tres kilos  de peso y lo de correr parece que se la va dando mejor.

Es hora de repetir la analítica y ver los resultados del trimestre de esfuerzo y dedicación.

Vaya desilusión; cuando Rocío  acude a la consulta, su médico le explica que aunque el colesterol está más bajo,  aún se encuentra por encima de lo normal.

Y esto, ya sólo se soluciona con medicación.

Rocío piensa que  puede dar un poco más de sí con el ejercicio y además de correr, se apunta al gimnasio.  Pero también comienza con su tratamiento para bajar el puñetero colesterol.

A cabo de tres  semanas,  la desilusión se apodera de Rocío: no se explica  porqué cada día está más cansada, no se le quitan las agujetas y le resulta casi imposible continuar con el deporte.

 

Elena, dulces sueños

Elena tiene 25 años y fue diagnosticada de diabetes hace año y medio. Comenzó con su tratamiento, además de seguir ciertos cambios en su alimentación y hábitos de vida que la dio su médico de familia.

La verdad es que la aparición de la diabetes fue un poco sorpresiva para ella, porque desde la infancia practicó deporte con de forma habitual y nunca se había sentido mal.

El caso es que desde un tiempo a esta parte, o  por haber aumentado la cantidad de actividad física, o por la aparición de la diabetes o por el tratamiento con medicamentos que está llevando, se siente excesivamente cansada a diario, pasa algo de hambre y además no termina de controlar su glucosa, que se le dispara por la mañana.

No sabe ya qué comer y cuando hacerlo y el cansancio le está haciendo plantearse si no estará apretando más de la cuenta con el deporte.

Su médico insiste en que la actividad física es fundamental en un a persona diabética y no debería dejar de tenerla como una constante en su vida, pero si realizar excesos.

 

Santiago  es el marido de Elena.

Es monitor de fitness en un centro deportivo y le ha elaborado varias tablas de ejercicios para la semana, con el objetivo de  fortalecer, mejorar su forma física y  reducir el cansancio que se apodera de ella cada día.

Está intentando adaptar el ejercicio a la realidad de la enfermedad de su mujer, pero no logra dar en el clavo y Elena se desespera sin encontrar una solución.

 

¿Quién ayuda a Alfredo, Rocío y Elena? (¿Quién me ayuda a mí?)

Rocío, Alfredo, o Elena son tres  de las muchas, miles de  personas, que desarrollan algún tipo de actividad física, practican deporte  y padecen, en mayor o menor grado, alguna enfermedad crónica que les obliga a tomar medicación cada día.

Todos ellos cuentan con el seguimiento de su médico de familia o especialista, para consultar las dudas que les plantee su enfermedad. En algunos casos, nutricionistas o monitores deportivos les ayudan a solventar las dudas de su actividad física o su dieta. Incluso, a veces, un entrenador especializado en una disciplina deportiva les ayuda con su plan para aumentar su rendimiento deportivo.

En cualquier caso, cada profesional domina su parcela y  puede aconsejar en lo relativo a su esfera de trabajo, pero, ¿y lo que compete a más de una parcela?

 

Doctor Google

Google se ha convertido en  nuestro noticiario, nuestro hombre del tiempo, nuestro asesor laboral,  nuestro nutricionista, nuestra central de reservas de vacaciones  y también en nuestro médico…… o farmacéutico.

¿Por qué no iba a poder ayudar a Alfredo, Rocío, Elena?

Si escribimos en el buscador de Google  los términos rendimiento deportivo, salud, aparecen ¡54 millones doscientas mil páginas! Ayuda de sobra, ¿verdad?

Pero es que si esas mismas palabras las introducimos en inglés, sport performance, health, obtenemos  ¡708 millones de páginas web dispuestas a solucionar nuestro problema!

Veamos con más detalle: si los términos son  deporte, medicación, tenemos 8 millones doscientas mil páginas que nos ofrecen algún tipo de información y si son rendimiento deportivo, medicación, efectos secundarios, salud, la cosa se reduce, pero aun así, son 2 millones setecientas setenta mil páginas. No tendríamos tiempo de verlas todas.

¿Cuántas veces hemos ido a buscar en internet respuestas que nuestro médico, nuestro dietista, nuestro monitor de fitness o nuestros conocidos no nos han dado o nos han dejado dudas? Muchas, seguro.

Y es aquí donde está el gran problema de Alfredo, Rocío o Elena. O de tantas otras personas. Incluido tú.

Que podemos encontrar cualquier tipo de respuesta en internet y no sabemos muy bien quién está detrás de cada información, de dónde procede la información y si es fiable.

Por no hablar de las múltiples contradicciones que nos encontramos; lo que para algunos es blanco, para otros es negro…….  O los bulos que periódicamente aparecen vía redes sociales o whatsapp   (https://saludsinbulos.com/ )  ¿de quién se fía uno?

 

La zona crítica

La zona crítica es esa parcela que tienen en común médico, nutricionista, monitor de actividad física o entrenador especializado  (Figura 1).

Esa zona común, de confluencia de las tres actividades (el medicamento o medicamentos de mi enfermedad, mi actividad física o deporte y mi nutrición o suplementación deportiva)  y que por separado, ninguno de ellos puede abarcar, es en la que se encuentra la respuesta que Alfredo, Rocío o Elena están buscando.

Es una información difícil de encontrar porque reúne aspectos relacionados con la respuesta de los medicamentos en cada individuo y su influencia en la actividad física y el deporte; en cómo en las  personas que padecen determinadas enfermedades es necesario individualizar las pautas nutricionales, no sólo en cuanto a mejorar en rendimiento deportivo, sino simplemente por una cuestión de salud. Y cómo las distintas maneras de planificar una actividad física o deportiva deben adaptarse a las características de cada individuo, que padece una determinada enfermedad y que además, está en tratamiento con medicamentos.

 

Mi solución

Y esa es mi solución, las respuestas que yo, a través de mi experiencia y mi formación, puedo aportar,  con herramientas exclusivas que permiten individualizar los consejos y las pautas de trabajo para obtener esos resultados que Alfredo, Rocío o Elena han buscado y no han podido encontrar.

Y que a buen seguro, también tú has buscado en internet, en foros,  a través de amigos o compañeros de fatigas en el deporte y que nos has podido o no has sabido hallar.

Si quieres saber más acerca de las soluciones que te ofrezco, visita mi página web, https://www.farmarendimiento.com/ donde podrás descargarte una guía gratuita y saber más acerca de los servicios que  ofrezco.